La promesa y la Ley del grupo

Identidad simbólica

Una promesa se pronuncia por un año y se renueva: es un compromiso con el ciclo, y como todo lo que pertenece a un ciclo, vuelve.

Por qué promesa y no juramento

Cómo se pronuncia

La promesa se pronuncia por primera vez tras el primer ciclo de ocho semanas en el grupo, no el día de la acogida: nadie promete sobre lo que todavía no conoce. Se dice en el círculo de la ronda, ante un guía, con la mano sobre la pañoleta. Cada rama tiene su fórmula, y los miembros pueden decirla con sus propias palabras si conservan sus compromisos.

Las tres fórmulas

Promesa de la Rama del Polo

Promesa de las Ramas de la Arista y del Landa

Promesa de la Rama de la Sistencia y de los guías

La promesa de la Rama de la Sistencia es, casi palabra por palabra, el Pacto del Proceso de Kosmovia dicho en primera persona.

La Ley del grupo

La Ley del grupo no es un código de prohibiciones. Es la descripción de cómo vive un beko cuando vive en alineación con el ciclo del que forma parte. Tiene nueve artículos: dos por dimensión —uno por polo, pues ningún polo es mejor que su opuesto— y uno que los cierra. El término «beko» es el aprendiz que es, a la vez, transmisor.

Para los pequeños

El beko pertenece sin disolverse.

Forma parte de su ronda y de su grupo, y no deja que el grupo piense por él.

Juego con todos, y sigo siendo yo.

El beko se distingue sin aislarse.

Tiene su palabra propia y la ofrece a los demás.

Tengo mi isla, y la muestro.

El beko abre caminos y cuida sus vínculos.

Tiende canales hacia los otros y los mantiene vivos, porque un vínculo que nadie cultiva se muere.

Hago amigos y los cuido.

El beko pone límites y respeta los ajenos.

Sabe decir que no, y escucha el no de los demás.

Digo «no» cuando algo no está bien, y escucho el «no» de otros.

El beko arde en lo que hace.

Pone ganas, esfuerzo y alegría en las tareas de su ronda.

Hago las cosas con ganas.

El beko honra el descanso y el dolor.

Descansa sin culpa, deja descansar, y no huye de la tristeza propia ni de la ajena.

Descanso cuando toca, y acompaño al que está triste.

El beko recibe lo imprevisto como información.

Cuando el plan se rompe, busca qué enseña la tormenta en lugar de maldecirla.

Si algo cambia, no me enfado: pienso qué hacer.

El beko sostiene la norma común y ayuda a rehacerla.

Cumple los acuerdos de su ronda y, cuando dejan de servir, propone cambiarlos en consejo.

Cumplo las reglas y ayudo a mejorarlas.

El beko enseña lo que aprendió.

Lo que recibió lo da a quien llega después, sabiendo que lo que da regresa transformado y que todo ciclo se cierra para que otro comience.

Enseño lo que sé al que es más nuevo que yo.

La Ley se discute. En la Rama del Landa, cada artículo se lee en consejo durante una semana del ciclo, y la ronda busca ejemplos reales en los que el artículo se cumplió y en los que no. Una Ley que no se discute sería una norma congelada: exactamente lo que su octavo artículo pide evitar.